TM Grupo Inmobiliario

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Entrevista en el Diario Información a nuestro Director General, Pablo Serna.
15.12.2019 |  TM Grupo Inmobiliario  | Actualidad TM | Newsletter 

Tiempo de lectura: 15 minutos

Este domingo el Diario Información publica en la sección Economía una extensa entrevista realizada por María Pomares a nuestro director general y consejero delegado, Pablo Serna.

Director General de TM Grupo Inmobiliario. Pablo Serna empezó en el sector promotor casi como el que no quiere la cosa, aunque por la trayectoria de su familia era la salida más lógica. Ni siquiera le apasionaba la construcción; y, sin embargo, ahora no querría hacer otra cosa. Nada extraño, de todos modos, si se tiene en cuenta que está al frente de una empresa familiar, TM Grupo Inmobiliario, que este año ha cumplido medio siglo de vida y con una facturación que roza los 200 millones de euros.

 

 

Empezó estudiando periodismo y ha acabado al frente de una de las empresas con mayor facturación de la provincia de Alicante. ¿Cómo se explica eso?

El líder de esta empresa familiar estaba cerca de cómo transcurrían mis estudios en Madrid y, al ver que estaba un poco desencantado de esa carrera tan bonita que es el periodismo, me dijo que había un hueco en la compañía. Bien es verdad que anteriormente, como hubo algún año en el que no fui tan buen estudiante y a él no le gustaba que estuviéramos parados, me invitó, por decirlo así, a trabajar en la empresa. Incluso algún verano me llevó a alguna obra. Al terminar en 1986 el primer curso de carrera, vine de vacaciones a Torrevieja y ya no volví. Así fue como me incorporé, haciendo de todo, como en los inicios de las empresas familiares, desde abajo hasta ahora.

¿Y se ha arrepentido en algún momento?

No, claro que no me arrepiento y, si me arrepintiera, peor lo iba a llevar. Es cierto que a mí no es que me entusiasmara este sector o el mundo de la construcción, pero hoy estoy satisfecho, me gusta, y me siento muy realizado de ver que estamos creando riqueza y empleo. Me encanta cuando veo datos de la economía española, de empleabilidad, de tipos de contrato, de trato a los trabajadores… Los comparo con los de nuestra empresa y veo que tenemos compañeros y trabajadores con contratos dignos, con salarios buenos, y me siento satisfecho. Luego está la otra parte, nuestros clientes, y, cuando nos mandan fotografías o vídeos, o suben a redes sociales momentos que viven en las urbanizaciones o en las terrazas de sus viviendas, es muy gratificante, se ve que hay muchas familias que quieren estar con nosotros por nuestro clima y por nuestra manera de vivir.

TM ya está en la segunda generación. Sin embargo, ¿sigue pesando el legado de su padre?

Claro. Hay muchísimos criterios y, por supuesto, el espíritu y los valores proceden casi todos de él. Quizás perfeccionados, quizás matizados, pero hay muchísima cultura actual en TM que procede de José Luis Serna.

Cuatro de los hermanos participan en la empresa a través de sociedades patrimoniales. ¿Es más complicado lidiar con la empresa en sí o con la familia?

Son retos igualmente difíciles. El liderazgo de personas es seguramente el reto más complejo en las organizaciones. Tenemos una compañía con casi 350 trabajadores en España y somos ya 1.500 en total, con los dos hoteles que estamos gestionando con personal propio en México, y éste es un liderazgo complicado en el que trabajamos día a día para mejorarlo y adaptarnos a las distintas circunstancias culturales y a los nuevos retos que plantea la sociedad. En cuanto a la familia y la gestión, también tiene su miga. En los actos a los que hemos asistido últimamente, comentaba medio en broma medio en serio que promotoras con 50 años puede haber alguna, pero especializadas en turismo residencial quizás seamos la única en España. Ahora, donde sí somos la única, y creo que no me equivoco, es entre las promotoras con cuatro hermanos en la gestión. Ahí ya no hay nadie. Y sí, es complicado, pero nosotros tenemos establecido un protocolo familiar, con nuestros comités y nuestros órganos de gobierno, donde establecemos las pautas, las responsabilidades y las funciones de cada uno. Lo llevamos relativamente bien.

La crisis de 2007 que acabó con muchas constructoras no sólo no pudo con TM, sino que el grupo salió reforzado, hasta el extremo de que en los peores años de la recesión entregaron de media unas 300 viviendas al año. ¿Cuál es la fórmula para lograr eso?

La nuestra es una compañía de permanencia y de largo plazo, contrariamente a lo que ha aparecido, como se ha visto, en el sector. Ha habido muchísimo cortoplacismo y arribistas de poco tiempo, de una promoción, de dos… Nosotros ahora mismo estamos aprobando un plan estratégico a cuatro años y venimos de uno de cinco. Llueva o truene, vamos a ir por esta línea marcada, con más crisis o con menos, con un partido gobernando o con otro. No va a ser fácil que nos saquen de nuestra línea. Si tú sigues tu línea de solvencia, de hacer aquello en lo que crees, con una orientación al cliente tan marcada como tenemos nosotros y si tienes un buen producto, y nosotros creemos que lo tenemos, aunque vengan factores geopolíticos o económicos duros, el mercado te va a responder. Seguramente no en la misma medida que cuando estamos en un ciclo de crecimiento o en una etapa de bonanza, pero va a responder.

Y, con la recuperación, ¿han reaparecido esos arribistas o han escarmentado tras lo vivido?

La mayoría no han vuelto, porque quedan muchísimos. No es tan complejo iniciar promociones pequeñas. No hace falta título. Basta con un poco de solvencia, de suerte con las ventas… Tenemos un producto que ya no son las casas nuestras en sí o los residenciales, sino la marca España, la marca Costa Blanca o provincia de Alicante, que es un producto muy apreciado y que se vende en Europa. Por tanto, no es tan complicado que en momentos con un buen ciclo, como estos cuatro o cinco años atrás, algunos hayan vuelto. No sé si les puedo augurar un éxito de muchos años, no lo creo, pero en ningún caso estamos en las cifras y los volúmenes de empresas de los años 2005, 2006 ó 2007.

Advenedizos al margen, ¿qué responsabilidad ha tenido el sector en esa mala fama que se arrastra aún hoy?

Obviamente, el sector tiene responsabilidad.

¿Qué se ha hecho mal?

Yo he criticado al sector, pero no sólo al sector, sino al empresario español en general, no sé si injustamente. Creo que nuestro país y la clase empresarial han querido hacer en 10 ó 15 años lo que los alemanes, británicos o belgas han hecho en 40 ó 50, y esta situación no ha sido ajena al sector promotor. Ha habido un boom por una serie de circunstancias por todos conocidas. Ha habido un boom demográfico, un ciclo expansivo de la economía, tipos de interés bajísimos… No sé si es hasta humano querer hacer negocio cuando se ve tan cerca. Pero, repito, no creo que el sector promotor haya sido peor que otros. A veces veo que lo que otros países tienen en sus negocios, en sus sectores, son ideas o planes de crecimiento más sostenido, y aquí hemos querido correr más. Hemos estado encerrados por una etapa no democrática muchas décadas y, cuando la población española, y dentro de la población española está la clase empresarial, vio la luz en los años ochenta, la gente empezó a correr. Mientras cualquier empresa puede ver como normal crecer al 3% ó al 5% al año, aquí, sino se crecía al 15% ó al 20%, parecía que era un desastre. Otra cosa es que esas empresas estén hoy. Seguramente no haya muchas.

 

En cualquier caso, las críticas se centran de forma especial en el sector promotor…

Al sector encima se le ha echado mucha gasolina externa. No sólo al sector, sino a la población en general. Si te ofrecen la financiación fácil; si encima los ayuntamientos necesitan sí o sí el urbanismo para sus presupuestos, para hacer calles o aceras… Igual que ahora ocurre al revés. Estamos en una etapa de obstaculización y de demoras. Antes se nos veía como la solución a los presupuestos municipales, y todo eso ha ayudado. No quito la responsabilidad al sector, pero como la que tuvo cualquier empresario en general, que veía posibilidad de negocio a corto plazo, rápido y en volúmenes seguramente mayores que en otro tipo de negocios o sectores.

Prácticamente ya han vendido las viviendas de la primera fase del Sidi. ¿Qué cuota de mercado tienen los pisos de lujo en una provincia como la de Alicante?

La cuota de mercado es muy baja. Estamos hablando de un precio medio de 700.000 euros. Estoy seguro de que las transacciones de este tipo que hay en la provincia de Alicante están por debajo del 2% de todas las miles de viviendas que se venden. Eso no significa que no haya demanda si hubiera más promociones como el Sidi, con esas características, con esos servicios, con ese concepto y con ubicaciones similares. Hay un público y un mercado insatisfecho que no puede acceder a ese producto, pero la cuota de mercado con relación al total es muy baja. Por ejemplo, en Málaga estamos haciendo un producto de un millón y medio o de dos millones, y, por encima de un millón de euros, la cuota es de un 0,6%.

Sin embargo, el Sidi se encontró con problemas prácticamente desde el principio, y así seguimos en la segunda fase. ¿Se ponen más trabas a este tipo de proyectos?

El Sidi es un caso particular. Al hacerlo por fases, ha habido diversidad de criterios técnicos en el Ayuntamiento de Alicante y es lo que nos ha demorado la segunda fase. Se va a alejar un año y pico la entrega de la primera fase de la segunda por este motivo, pero no creo que haya problemas sobre los productos de lujo. Puede haber problemas o no, y puede ser un producto no de lujo, ante situaciones concretas. Ahí la Administración no distingue si el proyecto es más o menos estratégico o si es más o menos emblemático. Tenemos bastantes bloqueos en general. En el momento en el que hay el más mínimo problema o cualquier ambigüedad, hay lentitud, demora y bloqueo de los proyectos.

En algunos municipios las licencias no llegan hasta año y medio después. ¿Tiene arreglo la situación o empiezan a dar por perdida esta batalla?

Claro que tiene arreglo. Lo venimos manifestando a la Administración desde Provia, como asociación, y todos los promotores, a nivel particular, a los distintos municipios y a la Conselleria, incluso al Gobierno de España. Ya se están tomando medidas en algún ayuntamiento, y está en estudio en otros para la agilización de las licencias. Hay convenios con el Colegio de Arquitectos en Orihuela, y estamos expectantes por ver si funciona. Creo que se va a tomar una medida similar en Alicante. Por tanto, claro que tiene solución si se lo toman en serio de verdad, que parece que se lo están tomando en algunos municipios. De todos modos, yo esperaría a una ley estatal, pero ése ha sido el problema de no tener Gobierno. Una ley estatal que, por encima de municipios y autonomías, obligue a cumplir con los dos meses de tiempo en el que se deben conceder las licencias. De hecho, aunque en alguna comunidad se legisla en base al silencio administrativo, si tú apelas ante el Ayuntamiento, hay técnicos que se están acogiendo a la ley de rango superior, que es la estatal, en el sentido de que no hay silencio administrativo. Por no hablar del respeto que tienen los promotores, por no decir miedo, a tomar esas decisiones que parece que vayan contra el ayuntamiento de turno, aunque la ley te respalde.

¿Qué incidencia han tenido y tienen los colectivos ecologistas en el sector y, en particular, en el turismo residencial?

La incidencia se da un poco más en el ámbito del urbanismo, no tanto en el día a día del sector. Se da más en lo que es el medio o largo plazo, sobre los nuevos desarrollos o las posibilidades de crecimiento. Sí, efectivamente, hay un sector de la población, aunque yo creo que es claramente minoritario, que no ve las posibilidades que tiene un urbanismo sostenible, más cuidado, que ordene el territorio, y que haga mantenerse o crecer nuestro modelo y nuestra manera de convivencia en la provincia de Alicante, y más la Vega Baja. Creo que no se entiende, y, si no se entiende, no se puede compartir, y las decisiones irán en sentido contrario, en el sentido de la parálisis, del no a todo, cuando Alicante representa un paradigma del bienestar para Europa. Y a mí quienes más me preocupa que no lo entiendan o no lo compartan son nuestros políticos. Que haya una parte de la población pequeña, muy pequeña, que lo vea como depredar el territorio o que lo vea como que nos invaden lo puedo admitir, aunque no lo comparto.

¿Y a qué atribuye esa incomprensión de la que habla?

Nuestra provincia tiene un potencial tremendo y un futuro que no se han entendido en Alicante, y para qué contar en València. Y hablo desde el sur, donde tenemos más del doble de población europea residente que en la provincia de Alicante, y tenemos cinco veces más población europea que Valencia. Es distinto al resto de sectores económicos de la provincia de Alicante, que no producen ni muchísimo menos entre varios juntos lo que nuestro turismo residencial significa para nuestro PIB, y eso no se entiende. Por lo tanto, no hay medidas, no hay cariño para esto que sustenta nuestro PIB. Yo amo la agricultura, soy de Orihuela, me he criado entre naranjos y limoneros, pero, desgraciadamente, la Vega Baja y Alicante no viven de la agricultura. Ahí están los números. Hay que conservarla, estoy de acuerdo, necesitamos agua, pero no vivimos de la agricultura. Vivimos muchísimo más del turismo residencial. Tres cuartas partes de la Vega Baja del interior viene a la costa a trabajar. De todos modos, parece que los políticos nos están empezando a escuchar. En la Vega Baja se ha conformado una mesa de seguimiento de infraestructuras y necesidades estratégicas para la Vega, gobierne quien gobierne. Si manda el PSOE, el PP no puede estar apretando con algo que quedamos en que era necesario.

¿Ha habido discriminación hacia la Vega Baja?

He escuchado a dirigentes empresariales de la Vega Baja, y no he visto datos que digan lo contrario, que somos, sino la peor, de las peores comarcas financiadas de Alicante y de la Comunidad. El único tramo de la AP-7 que no va a ser gratis pasa por nuestra comarca, con dos peajes desde Los Montesinos hasta Orihuela Costa. Tenemos una circunvalación a reventar de coches en Torrevieja y Orihuela Costa, y una autopista a dos kilómetros vacía. Muchísimos trabajadores que van del interior de la Vega a Orihuela Costa a trabajar, por no pagar cinco euros, dan toda la vuelta por Torrevieja y se meten por la Nacional. Tremendas las colas, pero es que cinco euros por cinco días a las semana por cuatro semanas al mes… Tenemos un déficit de infraestructuras tremendo. Tenemos la autopista con peaje, el río sin canalizar o con una canalización que a lo largo de la Vega no es la correcta… Mientras, veo tren de Alicante a Dénia, el tren de la Costa, como si sólo hubiera una costa, y aquí hay otra. Están las Salinas, pero en el 90% del trayecto no hay Salinas. Igual que decimos en Valencia a Madrid que ahora ya nos toca, aquí es lo mismo: ahora ya nos toca.

¿Se podrían haber evitado algunas de las consecuencias de la DANA si se hubiera prestado atención a la Vega Baja antes?

Como dice el alcalde de Orihuela, y Ximo Puig también lo dice, espero que esto sea una oportunidad para que lo que no se ha hecho en 30 ó 40 años se piense y se destinen los recursos necesarios. Se estudie bien si hay que sacar el río de Orihuela o de Rojales, si no hay que sacarlo, si hay que canalizarlo entero o no… No sé la solución técnica. ¿Se podría haber evitado? En España tomamos las medidas cuando hay desgracias y hay desgracias cuando hay muertos, lamentablemente. Ir por delante de las circunstancias y de las situaciones es difícil. No obstante, lo que parece claro es que el río Segura tiene una falta de capacidad para las cuantías de agua recibida, también es obvia la carencia de mantenimiento público del cauce y los refuerzos de mota en la zona de huerta , y eso unido a la falta de encauzamiento de la rambla de Abanilla ha supuesto el desastre.

¿Y qué responsabilidad es achacable al urbanismo en una situación como ésa?

Lo que es paradójico e injusto es que a las 24 horas de la desgracia estemos hablando de si el urbanismo es culpable. Siempre estamos con el urbanismo. No, mira, es que ahí hay casas viejas de huertanos de hace 60 años, y ése no es el urbanismo de los promotores. Son casas dispersas y diseminadas por toda la huerta de hace 60 años, cuando no había planes en España. Cada uno tenía un trocito de tierra y se hacía un granero y de ahí, la casa. No digo que no haya urbanización alguna que no esté donde no tenía que estar, pero ése no es el problema o la causa de las inundaciones. Y es lo mismo que en el Mar Menor, donde se está metiendo al urbanismo, cuando está clarísimo que son los nitratos y la agricultura. Los promotores nos dicen que hace diez o doce años que no hacen ninguna casa, pero es el mantra que hay.

Volviendo al turismo residencial, venimos de cifras de récord. ¿Se ha tocado techo?

Yo diferenciaría entre el mercado de vivienda usada y el de vivienda nueva. Son totalmente distintos. Ahora están subiendo un poco las transacciones de vivienda nueva y, en general, están empezando a bajar un poquito las totales, pero porque tiene más peso, de en torno al 85%, la vivienda usada. La nueva está subiendo, que es un poco lo que a nosotros nos preocupa, aunque el que las transacciones totales suban es importante porque significa que hay mercado. De todos modos, en las estadísticas siempre estamos entre uno y dos años de retraso respecto a la realidad. Si queremos saber si el sector va bien, regular o mal tenemos que hablar con los promotores o con los API para ver qué ventas se están haciendo hoy en la oficina, no qué operaciones se están escriturando.

¿Y cuál es la realidad en estos momentos?

En turismo residencial, estamos incrementando desde hace nueve o diez años las compraventas. ¿Estamos en techo? Probablemente, porque el mercado está notando los incrementos de precio. Si nos pasamos un poco de precios en la vivienda nueva, y esto tiene varias causas, el mercado deja de comprarnos: o se va a la vivienda usada o se va a otras zonas. Tenemos, en ese sentido, que cuidar un poco el marco. Si no hay suelo, el poco suelo que hay, y es ley económica básica, es caro o muy caro. Entonces, el promotor, al final, va a poner un precio de venta más alto, o estamos yendo a un precio más alto del que el mercado quiere pagar o puede pagar. Luego, las demoras hacen que las viviendas sean más caras. La múltiple normativa, la extensión del Código Técnico… Me parece muy bien que las viviendas sean más sostenibles, pero lo que no podemos pretender es que las viviendas sean más baratas. Se están tomando medidas y exigencias que encarecen la vivienda, y ante eso, el mercado nos penaliza.

¿Por qué al final no acaban de dar el salto al mercado de la primera vivienda?

Precisamente porque vemos un mercado más limitado, y más afecto a las convulsiones sociopolíticas y económicas. Yo no veo clara la demanda solvente y sostenida de primera vivienda en los próximos años, salvo en contadas excepciones. Por supuesto que todo se vende en algunos lugares, pero es producto de una demanda embalsada, de ocho o diez años sin construir y sin poner a la venta nada nuevo. Desgraciadamente, la clase media está bastante tocada, y es complicado meterse en una hipoteca a 25 ó 30 años con la facilidad con la que lo hacían antes muchas familias, especialmente los jóvenes. Además, igual que en turismo residencial, no hay vivienda económica. En Alicante, con el poco suelo que hay libre, los tenedores del suelo piden el oro y el moro. Al final, a quien se atreva a hacer un proyecto los números le van a llevar unos precios que van a estar fuera del alcance de gran parte de la población, y, desde luego, de los jóvenes. Nosotros no vimos claro ese mercado hace años, y ahora tampoco. Eso no significa que no podamos hacer alguna incursión si vemos alguna oportunidad, pero, en volumen o como línea de negocio importante para nosotros, ahora mismo no lo vemos. Y eso que es más fácil vender a una familia española que coger la mochila e intentar hacer marketing para vender en Varsovia o Finlandia.

En México ya tienen dos complejos, y un tercero en ejecución. ¿Por dónde pasan los retos más inmediatos por lo que a la internacionalización se refiere?

Los retos pasan por estabilizar los dos resorts que tenemos, que ya suponen 800 llaves hoteleras, porque hemos asumido la gestión hotelera de los dos complejos. En el nuevo, el de Puerto Morelos, que terminamos en junio, también vamos a asumir la gestión íntegramente, y eso es una novedad para nosotros, en cuanto a la gestión del día a día y la comercialización de casi 1.000 llaves hoteleras entre los tres. Que un 25% de la facturación del grupo, que puede estar en 250 millones de euros en tres o cuatro años, proceda de México es un reto importante y es una pata fundamental que fortalece la compañía. Ahora el objetivo es ir tranquilamente, con un crecimiento sostenido.

¿Qué lectura hace Pablo Serna del tsunami que se ha vivido en las patronales?

Yo me alegro del final del partido al que hemos llegado, en el que parece que hay una integración casi total en una única patronal que es la CEV. Una de las características del empresario es el individualismo, y, si no hay un liderazgo fuerte y único, como no lo ha habido en los últimos 20 años en la provincia, la división es la consecuencia más natural. Y seguramente ahí la capital no ha ejercido ese liderazgo. Tenemos una provincia muy difícil de vertebrar, con 160 kilómetros desde Pilar de la Horadada a Dénia, culturalmente muy distinta. Unos son de la industria, otros del turismo… Y no hay nadie que aglutine. Mientras Valencia capital aglutina y lidera su provincia, Alicante no ha liderado su provincia. No obstante, ahora estamos en una etapa nueva, y me alegro. Parece que hay un cierto consenso y sintonía sobre la CEV como referente empresarial y de interlocución con la Administración, y tenemos a Perfecto Palacio en la provincia. No obstante, hay que intentar aglutinar otras voces: las cámaras, asociaciones más comarcales o sectoriales… Hay que tener mucha generosidad y altura de miras en estos puestos, porque a veces ha habido sesgos, se ha tirado más para un sector o para otro, o se ha tenido mucha condescendencia con Valencia.

¿La victoria de Boris Johnson en el Reino Unido esta misma semana abre la puerta a un Brexit más traumático y con consecuencias para el turismo residencial?

El ciudadano británico ama España, su clima, sus costumbres, su lifestyle… Y en el futuro hará lo posible por venir y estar entre nosotros. Quizás, cuando desaparezca la incertidumbre que tienen desde hace varios años, la población con mayor poder adquisitivo se decida de nuevo por invertir, e incluso puede pasar que la vida en el Reino Unido se encarezca por la subida de precios de la electricidad, el gas y la importación de alimentos , y sea de nuevo un gran atractivo para el británico pasar grandes temporadas en nuestro país.

¿Tendremos gobierno en España o iremos a nuevas elecciones?

Deberíamos tener gobierno, sí o sí. No creo que se atrevan a llevarnos a terceras elecciones. ¿Y si sale similar? ¿Iremos a por las cuartas? Alguien tendrá que ceder. ¿A por las cuartas?

 

Fuente: Diario Información (María Pomares)

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